05/08/2026
El capitalismo ha convertido el "amor propio" en un mercado multimillonario. Nos vende la idea de que para querernos debemos consumir tratamientos, cosméticos, ropa, viajes, gimnasios, dietas y una interminable lista de productos y experiencias. Así este concepto que podría significar autonomía, cuidado y dignidad termina reducido a una estrategia de marketing.
El problema no es cuidarnos ni disfrutar de aquello que nos hace bien. El problema es un sistema que transforma nuestras inseguridades en oportunidades de negocio y nos hace creer que siempre nos falta algo para ser suficientes.
El amor propio no es una estética de consumo, es esa posibilidad de reconocernos valiosas sin que nuestro cuerpo, nuestra apariencia o nuestra capacidad de comprar determinen cuánto valemos.
Hay que cuestionar esa lógica también como acto político.