14/04/2026
He decidido entregarme, sin resistencia, al nuevo templo del buen comer en Jerez: el El Sentío Gastro Tabanco. Y aviso… aquí uno no cena, aquí uno se deja llevar como una croqueta en feria.
Abrí boca con una ensaladilla que no era ensaladilla… era un susurro elegante al paladar, de esos que te hacen cerrar los ojos y asentir como si entendieras la vida mejor.
Después llegó la tosta de sardina. Señores, aquello no sabía a mar… era el mar haciendo una aparición estelar en mi boca, con aplausos incluidos.
Las croquetas de cecina… redondas, cremosas, peligrosas. Si existiera un sindicato de croquetas, estas serían las delegadas sindicales.
Y cuando creía que ya lo había visto todo, apareció el lomo de corvina con roteña. Aquí ya entramos en terreno emocional. No comía, recordaba… aunque no sé qué.
La carrillada con parmentier vino a rematar la jugada con una suavidad que parecía redactada por un poeta con hambre.
Y el final… el arroz con leche. Pero no uno cualquiera. Este coquetea con la crema catalana como quien sabe que está guapo. Fusión fina, sin estridencias, con mucha clase.
Conclusión: salí feliz, ligeramente enamorado y con la firme sospecha de que voy a volver antes de lo socialmente aceptable.
Si no has ido… estás tardando. Y si ya has ido, sabes perfectamente de lo que hablo.
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