Desde Hasta

Desde Hasta Recorrimos la en auto, de punta a punta. Buenos Aires> La Quiaca > Cabo Vírgenes > Buenos Aires. 38 días. 13.734 kms

¡Buenas! A fin del año pasado tuvimos la oportunidad de hacernos una escapada a Villa Pehuenia para descansar. Durante l...
14/01/2022

¡Buenas! A fin del año pasado tuvimos la oportunidad de hacernos una escapada a Villa Pehuenia para descansar. Durante los nueve días de travesía fui registrando un pequeño diario de viaje que publiqué en las redes en pequeños extractos. Ahora les comparto el texto completo.

Más de 3300 kilómetros de bellos paisajes, sol, nubes, lluvias, lagos, ríos, ripio, cuestas, pueblos abandonados, tomerntas de tierra, volcanes, trekkings y pehuenes... muchos pehuenes.

Día 1 Una escapada. Apenas unos días. Pero con la ruta como nuestra aliada. Como siempre. Salir de vacaciones un 25 de diciembre no es una buena idea. Anoche nos acostamos muy tarde y hoy arrancamo…

    Y llegó el último día de viaje. Anoche cenamos en Catriel una extraña pizza con masa de vegetales que estaba muy bue...
14/01/2022

Y llegó el último día de viaje. Anoche cenamos en Catriel una extraña pizza con masa de vegetales que estaba muy buena. A la mañana, luego de un desayuno pedorro, cargamos nafta y seguimos por la RN 151. Cruzamos a La Pampa y nos metimos en la famosa RP 20, más conocida como “La Ruta del Desierto”. Algunos interpretan su apodo debido a la “soledad” de la ruta, pero su nombre viene por la tristemente conocida “Conquista del Desierto”, campaña realizada en Argentina entre 1878 y 1885 para extender el territorio del incipiente país. El tramo está bastante aislado pero existen rutas mucho más desiertas que ésta. De ahí queda claro que el nombre haga referencia al mamarracho histórico (quizás “Campaña de invasión, as*****to y usurpación de tierras a los pueblos nativos” sería un nombre más apropiado).

Los carteles imperativos y los autos accidentados a los costados fue lo mas llamativo. Las rectas son largas, si. Pero el tráfico que se movía hacia los centros turísticos de montaña impedía que te duermas.

Tomamos la RN 143 y luego la RN 152. A la altura de General Acha las estaciones de servicio explotaban de autos. Cuando doblamos por la RN 35 el tráfico se mantenía así que tomamos por la RP 18. Y fue una gran decisión. Nadie.

Entramos en Buenos Aires por la RP 60 y fuimos hasta Villa Epecuén, el poblado que en 1985 quedó sumergido bajo el agua debido a la crecida de la laguna, que llegó a los 7 metros en 1993. Hace pocos años las aguas retrocedieron y dejaron a la vista un pueblo arrasado. Caminar por sus recientemente descubiertas calles es como recorrer una ciudad bombardeada. Cuanto más al centro caminás, mayor es el nivel de destrucción. Se han colocado placas o simplemente carteles para recordar el lugar de un hotel o una panadería o una fábrica de alfajores. Es muy fuerte ver aún una plaza con sus hamacas bajo el agua. Me sentí raro. Como si estuvieran en un lugar en el cual no debía estar. La desgracia como atracción.

No hubo mucho más para contar. Soportamos una tormenta intensa y finalmente, luego de casi 14 horas de viaje, entre ruta y descansos, llegamos a casa.

En total fueron 3310 kms. Agotados, pero felices.

    El Año Nuevo arrancó con un clima horrible: densas nubes negras, llovizna, viento y poco grados por encima de cero. ...
13/01/2022

El Año Nuevo arrancó con un clima horrible: densas nubes negras, llovizna, viento y poco grados por encima de cero. Guardamos todo y nos despedimos de la casita y de Carmelo. Para volver optamos por un camino distinto al de ida: RP 13 al este y RP 23 al sur, hacia Aluminé. Las montañas se veían amenazantes con las densas nubes negras que las cubrían. En Rahue doblamos con dirección este por la RP 46 para llegar a nuestro verdadero objetivo de esta parte del viaje: la Cuesta del Rahue. Un hermoso caracol de ripio que trepamos para poder sortear las montañas del camino. La situación climatológica era bastante mala. Cuando comenzamos a subir ya estaba lloviznando, las nubes negras se cernían sobre nosotros y el viento… bueno, el viento debería tener un capítulo aparte. Al detenernos en la cima del caracol, bajamos del auto para sacarle unas fotos al bonito serpenteo de la ruta y el viento, con una mano invisible, nos empujaba de donde estábamos parados. Sacar la cámara era riesgoso. Hasta pude ver como el viento movía el auto de un lado a otro como si fuese un juguete.

Algo más adelante, aún con la llovizna sobre nosotros, en medio de la soledad neuquina, llegamos al Parque Nacional Laguna Blanca. Y como vimos un camino de ripio horrible al costado de la ruta, nos mandamos por él para llegar hasta las costas de la laguna del mismo nombre. Frío, viento, llovizna… Hermoso para almorzar en la playa de la laguna… dentro del auto, claro.

De nuevo en la ruta llegamos a Zapala, no sin antes volver a poner los pies sobre nuestra querida Ruta 40. Ya en la RP 22 nos topamos con una tormenta de tierra. No veíamos nada. Todo era marrón. Bajamos la velocidad por precaución. Luego de Cutral-Co y de detenernos en la ermita de Ceferino Namuncurá (¡wow! la cantidad de ofrendas que le dejan al santo mapuche), llegamos a la ciudad de Neuquén. Acá decidimos hacer un cambio de ruta con respecto a la ida: volveríamos por la Ruta del Desierto, pero mañana porque ya estaba oscureciendo. Hicimos RP 7 y RN 151 hasta Catriel, Río Negro, donde pasamos la noche.

Nos queda el último tramo para llegar a casa, pero será mañana.

    - Parte 2 - El agua viene de unos tanques que se llenan previamente; el gas, con garrafas de 10 kilos y la electrici...
12/01/2022

- Parte 2 - El agua viene de unos tanques que se llenan previamente; el gas, con garrafas de 10 kilos y la electricidad, con paneles solares. Es interesante cómo la modalidad de estos servicios te hacen prestar atención sobre cuánto dejás prendida una luz o cuánto gas usás o cuánta agua gastás para lavar los platos. Y no es una cuestión de privaciones, sino una cuestión de intentar ser un poco más sustentable. En cuanto a Internet, la cobertura de Claro es muy mala y el wifi que teníamos por momentos funcionaba y por momentos no. Por suerte nuestros GPS se portaron bastante bien guíandonos en medio de la nada cuando no había señal. Habernos traído libros, más de 400 horas de música y varias temporadas de las series que estamos viendo nos ayudó a no necesitar conectividad para los momentos de ocio.

Tanto el camping como las casitas están mantenidas por Carmelo y su familia. Él vino desde su Paraguay natal para vivir en Buenos Aires donde se casó y tuvo familia. Pero al separarse se mudó a Villa Pehuenia a formar una nueva familia. Asegura que no cambia este lugar por nada en el mundo. Aunque reconoce que lo único malo es que para todo hay que caminar. Y a mi no me gusta caminar, me dice con una media sonrisa. Tanto él como su familia están muy comprometidos con su laburo. Como la vez que llamamos a Carmelo a las 21:30 y se vino desde su casa para ayudarnos o la vez que le llegó tarde un mensaje que le mandamos y se vino a las 22:30 para ver si estaba todo bien, por las dudas.

Sobre lugares para comer o tomar algo, la verdad es que casi no visitamos ninguno. Sólo vamos a dejarles la recomendación de . Un bar/pizzería/cervecería/etc. donde comimos una pizza buenísima y merendamos unos cafés con una tarta tibia de manzana que estaba bárbara. Además, buena música y cuadros de Metallica, Zeppelin, Floyd y Queen. ¿Qué más puedo pedir?

Bueno, se acerca la medianoche. La comida está en el horno, tenemos algo rico para tomar y la estufita nos ayuda a soportar esas gruesas nubes que vienen del oeste. Y estamos cerrando el año acá, mirando el Lago Aluminé.

Pero la aventura no terminó. Hay que volver a casa.

    - Parte 1 - Bueno, ahora si. Descansemos. Es 31 de diciembre y el 2022 se nos viene encima. Nuestro día se basó en d...
12/01/2022

- Parte 1 - Bueno, ahora si. Descansemos. Es 31 de diciembre y el 2022 se nos viene encima. Nuestro día se basó en definir algunos temas organizativos del viaje. Por un lado, la cena de fin de año. ¿La pasamos en la casita o nos vamos a un lugar bonito en los que estuvimos? Bueno, el viento acá está muy fuerte y la temperatura no ayuda. Encima parece que esta noche llueve. Así que creemos que se nos va a volar el peluquín y a congelar el Vitel Toné. Simplificamos y decidimos pasarlo en la casita. Por otro lado, mañana empezamos a volver a casa. Así que ya compramos todo lo necesario para el viaje (comida, bebida y los regalos, claro) y cargamos nafta. No sabemos si mañana vamos a encontrar lugares abiertos.

Luego analizamos cómo volver. Lo vamos a hacer en dos días, como a la ida. Por un lado queremos aprovechar el sábado para recorrer algún lugar más. Pero por otro, cada hora que nos retrasemos el sábado, es una hora más de viaje para el domingo. En pocos minutos nos pusimos de acuerdo. Mañana y pasado les cuento.

Villa Pehuenia es un lugar muy bonito, ideal para descansar o para agotarse el triple por todas los lugares y caminatas que hay para hacer. Es una localidad muy joven (se fundó en 1989) y se nota que está en etapa de crecimiento. La otra vez les conté sobre la dueña de un mercado que nos contaba que el año pasado, pese a la pandemia, había tenido el mejor año en lo comercial. Hoy hablábamos con la dueña de otro lugar, en el centro comercial, y nos dijo que 2019 fue un año pésimo pero que 2020 fue espectacular. Al parecer, según lo que conlcuímos, muchas personas decidieron viajar a lugares en donde la densidad poblacional fuese baja debido a los contagios.

Nuestra estadía acá fue muy relajante. Estamos en una “tiny house”, una de tres casitas de 18 m² emplazadas en el Camping Villa Pehuenia. Cuentan con camas para cuatro personas, un desayunador, cocina con horno, heladerita, bacha para los platos, baño, ducha, estufa y varios lugarcitos para almacenar ropa y todo lo demás. Para tener tan poco espacio es muy funcional.
(sigue en la parte 2)

    Bueno, hoy tranqui, nos dijimos... y llegamos a la casita luego de 131 kms de ruta. El “día tranqui” terminó siendo ...
11/01/2022

Bueno, hoy tranqui, nos dijimos... y llegamos a la casita luego de 131 kms de ruta. El “día tranqui” terminó siendo un recorrido circular (RP 13, RP 11, RP 23 y nuevamente la RP 13) que nos llevó por varios pueblos y lagos de la zona. El viaje duró todo el día. “A la velocidad del paisaje”, como dicen los amigos de https://instagram.com/riosalmar (síganlos que su viaje es una belleza).

Luego de dejar atrás Villa Pehuenia y el Lago Aluminé, tomamos por ripio bordeando el Lago Moquehue hasta llegar al pueblo del mismo nombre. Entramos a conocerlo internándonos por sus calles y caminos hasta la llamada Playa Sur. Continuamos camino y no podíamos parar de mirar hacia los costados. La ruta está bordeada por un bosque densamente poblado de pinos y pehuenes, y sobre éstos, las montañas. Todas ellas vestidas de verde, a excepción de las cimas, peladas en tonos marrones. Y esta descripción terminaría acá si no existiese el Cerro Impodi. Una enorme mole gris prácticamente desprovista de vegetación. Sus contornos son abruptos y angulosos, a diferencia del resto de las montañas con sus bordes suaves. Y la ruta pasa por su base para que se pueda admirar toda majestuosidad de primera mano. Mágico.

Más adelante comenzamos a bordear los lagos Ñorquincó y Nompehuén, donde nos detuvimos a almorzar. Y algunos metros más allá, bajamos a una playita del Lago Ñorquincó. De ahí, cruzamos a la otra orilla, en el comienzo de la Senda Ñorquincó/Ruca Choroy. Una caminata de unos 30 kilómetros que son las etapas 4 y 5 de la llamada Huella Andina (una increíble aventura a pie de más de 570 kms… que ya haremos).

El viaje siguió bordeando el Río Pulmarí hasta llegar al Lago Pulmarí y a la Piedra Pintada. Esta zona es conocida por la batalla de Pulmarí donde tribus mapuches resistieron los avances de las tropas que invadieron el sur en la infame Campaña del Desierto.

El viaje continuó con algunas paradas más, todas ellas muy cortas para explorar y sacar algunas fotos más. El final del viaje no tuvo mucho para destacar, más que la Laguna Giles. Y lo terminamos con una merienda a las nueve de la noche (o de la tarde, porque aún había sol) mirando el Lago Aluminé.

    Y llegó el día para visitar el Volcán Batea Mahuida. Salimos temprano para hacer 8 kms por la RP 13 y luego otros 7 ...
10/01/2022

Y llegó el día para visitar el Volcán Batea Mahuida. Salimos temprano para hacer 8 kms por la RP 13 y luego otros 7 kms de ripio hasta el mirador de Las Antenas. Las vistas eran imponentes.

De ahí hicimos otros 4 kms hasta el volcán. Delante nuestro, el lago que se formó en el cráter del volcán. Y detrás, la pared que permite ascender hasta la punta del cerro. Para llegar ahí hicimos un trekking de aproximadamente una hora el cual empezó con una pendiente algo pronunciada con algunas piedras. Y el viento no ayudaba.

Una vez llegado a un primer descanso, el camino vuelve a tomar una pendiente, esta vez con un ángulo mucho más pronunciado en medio de una planicie solitaria. Sin piedras, sin abrustos. Nada. Mis tobillos la recordarán en los próximos días. Y el viento… Descomunal.

Luego de la larga caminata, llegamos a la cima. Estábamos a casi 2000 msnm, pero aún había que andar un poco más. Primero hasta un conjunto de piedras desde donde se contempla Pehuenia y sus alrededores y un poco más allá, ahora si, la cima del cerro.

Cuando llegamos nos topamos con centenares de apachetas. Aprovechamos y dejamos nuestras ofrendas para agradecerle a la Pacha por habernos permitido llegar hasta ahí. También había un enorme refugio construido con esas piedras donde nos guarecimos del viento, que ya lastimaba, para almorzar.

Acá todo el mundo pega la vuelta. Pero nosotros no. Nuestro mapa nos decía que más allá, por la planicie, siguiendo la frontera, había otra laguna: El Arco. Y ahí fuimos. Luego de algunos kilómetros donde parecía que la laguna no existía, la encontramos. Una hermosura. Intentar llegar a ella nos hubiera llevado algunas horas más. Era cerca, pero muy profundo. Teníamos que dar un rodeo que incluía bajar unas enormes pendientes… que luego había que subir. Si hubiese sido más temprano… Pero desde el oeste venían unas enormes nubes trayendo agua y el sol se estaba yendo. Teníamos que volver.

La vuelta fue bastante simple, a excepción del viento que parecía que nos iba a arrancar las camperas. Ya en el auto volvimos al pueblo. Agotados, llenos de polvo, pero listos para cenar una pizza con unas cervecitas. Y que los pies descansen.

    Otra hermosa mañana. Esta vez con una buena cantidad de nubes, pero sin que interfieran mucho con el sol. El camino ...
09/01/2022

Otra hermosa mañana. Esta vez con una buena cantidad de nubes, pero sin que interfieran mucho con el sol. El camino de hoy nos llevó hacia La Angostura (no confundir con Villa La Angostura) donde fuimos a recorrer el Camino de las Cinco Lagunas.

El recorrido comienza cuando cruzás el río La Angostura, unión de los lagos Aluminé y Moquehue. La vista es muy bonita ya que el río tiene apenas 500 metros y te permite ver a ambos lagos en sus extremos. El río se cruza a través un pequeño puente de madera y el camino de tierra está dominado durante todo el trayecto por una espesa vegetación.

Algo más adelante llegamos al acceso de ingreso al territorio de la Comunidad Mapuche Puel, originaria de la zona, quienes mantienen y cuidan el lugar. De las cinco lagunas solo se pueden visitar cuatro (al parecer hay cierto reparo de la comunidad sobre el acceso a la quinta).

Durante el camino pasamos por un pequeño parador en donde se puede comer o tomar algo antes de seguir viaje. La primera de las lagunas (lafquen, en mapudungún) es la Verde. Fue la que más nos gustó. El silencio, el color del agua, la pared de montañas con una densa vegetación que la rodea y un grupo de patos tomando sol armaron la postal perfecta. Luego de disfrutar el momento, decidimos seguir camino para conocer las restantes y luego ver en cuál nos quedábamos a descansar. Las siguientes dos lagunas (Matethue y Cohiuilla) son de difícil acceso a pie. Ambas están dominadas por muchos juncos (o algo así). La útlima (Ralihuen) es casi tan hermosa como la primera, aunque no tan solitaria. Caminamos un poco por los alrededores plagados de pequeñas lagartijas verde-azuladas que escapaban asustadas al sentirnos caminar.

Finalmente decidimos volver a la laguna Verde a pasar un rato de paz, pero… cuando llegamos había unos seis autos y camionetas con todas sus familias haciendo todo el ruido del universo. Hablar a los gritos o reírse ampulosamente es todo lo que la naturaleza no necesita. Hasta los patos comenzaron a graznar para intentar quitarse de encima a estos seres humanos tan ruidosos. Una pena. Así que preferimos irnos y dejar a estas familias disfrutando sus miserias.

    Hoy nos tocaba descansar. O algo así. La mañana arrancó con un hermoso sol acompañado por mucho calor. Durante el de...
08/01/2022

Hoy nos tocaba descansar. O algo así. La mañana arrancó con un hermoso sol acompañado por mucho calor. Durante el desayuno comenzamos a analizar qué haríamos durante los próximos días. Ya les contaré. Luego nos fuimos a caminar por el pueblo y llegamos hasta la Dirección de Turismo para hacer algunas preguntas. El calor era muy fuerte así que paramos en un pequeño almacén. Ahí nos quedamos hablando con la dueña que se mostró muy amable.

—¿Cómo la trató la pandemia con el mercado?—le preguntamos mientras pagábamos.
—Mejor que nunca—nos sorprendió—. Antes teníamos gente de Brasil, Chile y Europa. Ahora solo de Argentina, pero la gente no paró de venir a Pehuenia. Pude seguir trabajando gracias a que soy escencial y ya tengo las tres dosis.
—¿Y el negocio rinde?
—Mirá—me dice—la primera vez que tuve mercado fue en la época de Alfonsín. No estaba acá. Pero lo mantuve bien hasta que vino Cavallo y me fundí. Luego abrí otro acá en la villa y cuando llegaron De La Rúa y Cavallo, ¡pum!, otra vez me fundí. Años después pude volver a armar algo y con Macri me volví a fundir. Esta es la última vez. En marzo cierro todo.
—¿Pero entonces la cosa viene mal?
—No, para nada. El negocio funciona muy bien, pero venden el local y no encuentro dónde alquilar para meterle el mercado. Y bueno, ya estoy grande. Laburé toda mi vida. Ya es hora de que empiece a descansar.

Nos fuimos algo pensativos sobre la realidad de un pueblo que en plena pandemia seguía teniendo turistas. Y sobre esta señora que finalmente tiene un negocio que funciona pero no tiene dónde.

Ya en la casita decidimos hacer algo de vida de playa. Tomamos algo de sol, leímos y nos metimos al lago. El agua muy fresca y muy transparente pero helada. Nos hicimos algo de almorzar y luego la modorra casi nos noquea. Pero el libro está interesante y me mantuvo despierto. Luego de un cafecito salimos a recorrer la zona para sacar algunas fotos desde unos pequeños cerros cercanos.

No quedaba mucho más de este día tranquilo. Hicimos poco, pero el sol nos terminó dejando agotados. Sólo me quedan estas últimas palabras mientras el silencio y la oscuridad me acompañan como buenos amigos que son.

    La mañana nos despertó con un cielo despejado y un fresco que no tardaría en dejar paso al calor sofocante. Tomamos ...
07/01/2022

La mañana nos despertó con un cielo despejado y un fresco que no tardaría en dejar paso al calor sofocante. Tomamos un desayuno simple pero efectivo. La RN 152 estaba mucho mejor que ayer. La soledad de la ruta es por momentos abrumadora.

Más allá llegamos a Casa de Piedra, un bello pueblo con un dique sobre el Río Colorado en el cual no se pueden sacar fotos. Del otro lado, en la RP 6, entramos en Río Negro. Y otra vez esa soledad. Al menos hasta la RN 22 y su tríada de ciudades: General Roca, Cipolleti y, en Neuquén, su capital homónima. Y luego Plaza Huincul y Cutral-Co, muy pintorescas y con varios monumentos enormes.

Más soledad.

Llegamos a Zapala con ganas de comprar algo de fruta y antes de irnos llegamos a un momento especial: cuando volvimos a poner un pie sobre nuestra querida Ruta Nacional 40 luego de dos años. Claro que paramos, sacamos fotos y lloramos un poco de emoción. Bueno, no tanto. Pero fue una linda sensación. En www.desdehasta.com.ar dejamos algunos posteos para no perder la memoria de aquella aventura.

Luego del momento emotivo, tomamos la RP 13 hacia el oeste. Los primeros 50 kms estuvieron bien, pero a partir de Primeros Pinos el ripio dijo presente y el viaje cambió. Sus curvas, sus cornisas y sus serruchos son agotadores. Pero peor la pasó una familia que estaba parada en medio de la ruta. Nos detuvimos para ver si necesitaban algo. Habían reventado y estaban viendo cómo destrabar los bulones de la rueda. Fue necesario pararse sobre la llave para que ceda.

El recorrido de esta última etapa fue muy bonito, pero luego de tantos kms acumulados, extenuante. Casi 1445 kms desde casa para llegar a destino: una pequeña casita en la orilla del Lago Aluminé. Son 18 m² de pura belleza. Acá el gas, el agua y la electricidad (por paneles solares) siempre son escasos. Así que es una buena forma de aprender a no malgastarlos. No hubo mucho más para hacer: apenas ir al pueblo a comprar algunas cosas en el supermercado y tomar un cafecito en la casita mirando el lago.

A esta hora, casi medianoche, la oscuridad afuera es total. Y el silencio es apenas interrumpido por mis dedos al tocar estas teclas.

Soledad.

    Una escapada. Apenas unos días. Pero con la ruta como nuestra aliada. Como siempre. Salir de vacaciones un 25 de dic...
06/01/2022

Una escapada. Apenas unos días. Pero con la ruta como nuestra aliada. Como siempre. Salir de vacaciones un 25 de diciembre no es una buena idea. Anoche nos acostamos muy tarde y hoy arrancamos temprano. Sueño y ruta no van de la mano. Pero la emoción y ansiedad de viajar es suficiente para mantenerme atento al camino.

Ir a Villa Pehuenia en un sólo día es posible, pero preferimos hacerlo en dos. Más relajados y sin apuro. El viaje es tan importante como el destino, por más que suene trillado. Eso si, sin un destino intermedio definido. Dormiremos donde podamos llegar.

El día, soleado y caluroso, nos acompañó en el rompecabezas de rutas: RN 205, RP 65, RN 33, RP 60, RP 18 ya en La Pampa, RN 35 y RN 152. Al menos por hoy.

Hicimos un par de desvíos. Uno a Bolívar (hermosa localidad, con bulevares llenos de palmeras) y otro a Carhué, donde nos quedamos un rato dando vueltas por la Laguna de Epecuén. Nos sorprendió mucho la historia de Villa Epecuén, localidad que desapareció bajo el agua debido a una repentina crecida del lago en 1985. Hoy, con las aguas retiradas, el pueblo abandonado quedó a la vista. Vamos a volver para recorrer mejor la zona cuando estemos volviendo a casa.

Una vez cruzados a La Pampa, y siendo bienvenidos por un cartel para desconcierto de algunos que decía “La Pampa – Patagonia Argentina”, las rutas comenzaron a estar cada vez peor. Nuestra última parada larga fue un poco antes de General Acha. Un cafecito, unas facturas, las piernas descansadas y luego el último empujón. Acá, la RN 152 nos mostró su peor cara: la del abandono. Por suerte, la falta de tráfico permitía maniobrar para esquivar los pozos.

Lo más bonito de esta última etapa del día fue pasar por Lihué Calel, un paraje que parece casi abandonado pero que forma parte del Parque Nacional del mismo nombre. La ruta sube, rodea unas sierras y permite tener una impresionante vista del valle hacia el sudeste. Parece que se pudiera ver del otro lado del planeta.

Ya cansados, y apenas entrada la noche, nos detuvimos en un pequeño motel en la entrada de Puelches. Estamos a 869 kms. de casa y nos quedan poco menos de 600 para llegar. Será mañana.

Continuando con nuestra serie de   les queremos comentar sobre el final de nuestro día 6. Seis de la tarde en La Quiaca ...
11/02/2021

Continuando con nuestra serie de les queremos comentar sobre el final de nuestro día 6. 

Seis de la tarde en La Quiaca con 2100 kms recorridos desde casa y listos para comenzar a recorrer la . Como salíamos mucho más tarde de lo esperado por los problemas que tuvimos, decidimos ir solo hasta Santa Catalina. Pusimos primera y, pasando rigurosamente por el comienzo (el final) de la ruta, emprendimos la aventura.

Al principio la ruta toma rumbo oeste superpuesta con la RP5. Son muy pocos metros de asfalto para volverse de tierra/ripio, que sufriremos durante 5 días y casi 800 kilómetros. La excitación ante la incertidumbre, la soledad, el estado de la ruta, cuánto tardaríamos en recorrer los 64 kilómetros, la nafta, el auto… Un trámite para los lugareños, no para nosotros. 

Al principio la ruta es increíblemente ancha, sinuosa pero no tanto y con muy pocas subidas y bajadas. Cuando ya no veíamos a La Quiaca a nuestras espaldas, detuvimos el auto y nos bajamos. Queríamos sentir el aire, el silencio, la soledad. Si me preguntan, creo que hubiera tirado la carpa ahí para pasar la noche, pero seguimos. Íbamos despacio. El auto se mantenía firme incluso cuando el serrucho se hacía más pronunciado y comenzábamos a temblar como dentadura a cuerda.

Luego de cruzar La Ciénaga, Tafna y la Cuesta de Toquero llegamos a Cieneguillas, desde donde se puede acceder a la hermosa Laguna de los Pozuelos. Acá tomamos el primer desvío. La 40 continúa hacia el oeste, pero nosotros tomamos hacia el noroeste por la RP5 hacia nuestro destino. 

Durante el resto del viaje el paisaje casi no cambió. Cruzamos varios ríos secos, agazapados, en silencio. El sol alargaba las sombras de este inhóspito lugar, solo acompañado por ovejas y alpacas. Los últimos kilómetros fueron irregulares cruzando unos cerros para llegar a la hondonada donde se encuentra Santa Catalina. Llegamos con las últimas luces de la tarde. Estábamos agotados debido al día lleno de problemas. Sin conexión de ningún tipo estábamos preparados para el resto de la aventura.

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