28/03/2026
ANTOLOGÍA DE TEXTOS DE EMILIO KOMAR
Amor y entusiasmo
«Es, por lo tanto, necesaria una apertura cognoscitiva que nos permita ver cómo están las cosas para poder luego querer aquello que indica la realidad. De este modo se gesta un amor recto y lúcido, no un amor ciego. Así como la fe pide la inteligencia –según enseñaba san Anselmo–, el amor también la solicita. Por eso san Agustín usa la expresión ‘amor bene discernens’, es decir, amor que discierne bien, amor que es crítico en sentido positivo. El amor pide luz, y la luz intelectual, al presentar mejor al ser amado, hace posible también amarlo mejor.
El hombre tiene por naturaleza esa capacidad de abrirse a lo real, conmoverse por su sentido profundo y obrar en consecuencia. […]
Platón enseñaba que es imposible alcanzar ningún saber y menos aún, un alto saber como es el filosófico, el de la sabiduría, sin entusiasmo. La etimología de ‘entusiasmo’ está muy olvidada. Entusiasmarse significa, llenarse de Dios. Esto es ‘literalmente’ posible, pues la realidad es creada por Dios, implica un contenido divino. Es a lo que apuntaba san Buenaventura cuando afirmaba que todas las cosas ‘hablan’ de Dios. Esa ‘presencia’ divina en las cosas es lo que maravillaba a Max Planck y de la cual habla Einstein como el objeto que puede saciar el hambre del alma, de g***r de la maravilla, de la armonía de las leyes de la naturaleza. Cuando contemplamos ese contenido íntimo de las cosas nos topamos con algo divino, y esa realidad divina penetra en nosotros y es la causa de nuestro entusiasmo porque nos llena de Dios. Por lo contrario, cuando las cosas son meros objetos amputados de ese fondo divino, se convierten en nociones, conceptos y fórmulas manipulables.
Cuando el conocimiento es profundo origina un gran entusiasmo. El realismo es inseparable de cierto entusiasmo. Cuando conozco me hago otro en cuanto otro, no reduzco lo otro a un concepto mío, sino que me entrego a la cosa. El conocimiento realista exige que nosotros nos entreguemos a lo real para que la realidad nos llene con su logos. Aquí se encuentra el verdadero sentido de la expansión del conocimiento.
La capacidad de hacerse otro en cuanto otro, permite, la empatía o envivenciación: la conmoción por la riqueza de la creación. De este modo, lo cognoscitivo y lo afectivo de manera alguna se excluyen, sino que viven íntimamente relacionados.»
Emilio Komar, La vitalidad intelectual, Sabiduría Cristiana, Buenos Aires, 2021, p. 66-67