11/09/2017
En el evangelio del domingo 10 de septiembre quedó claro que si el llamado a la corrección fraterna no da frutos, el caso debe ponerse en conocimiento de toda la comunidad y proceder al rechazo público de quien no quiere cambiar (Mateo 18, 15-20):
"En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un gentil o un publicano."
Y es muy evidente el cerramiento de corazón de estos cizañeros, en las redes sociales, en su política contra la paz, y en los crímenes que se siguen cometiendo contra líderes sociales y reclamantes de tierras, crímenes instigados, aupados e invisibilizados por ellos. Debemos proceder como manda el evangelio, al menos quienes nos consideramos cristianos, aún a riesgo de nuestra propia vida. A Álvaro Uribe se le ha llamado e invitado por diversos medios al diálogo y se niega, solo porque la paz no le sirve a sus intereses egoístas. Esa es la verdad, lo demás son justificaciones y cortinas de humo. Como dice Juan "la luz vino a los hombres, pero los hombres prefirieron las tinieblas a la luz porque sus obras eran malas". Basta leer la carta de Uribe al papa, con motivo de su visita, sigue en el mismo rintintin, aunque sin hablar expresamente de castrochavismo, porque sabe que Francisco no es estúpido, como para tragarse ese cuento.
La otra tarea que mencionó el papa es la búsqueda de la verdad, sin la cual no puede haber auténtica justicia. Y la búsqueda de esa verdad empieza por ponerle nombre y rostro a la cizaña, es decir a quienes empecinadamente se oponen a la paz y, muy especialmente, viven del engaño, no quieren que se conozca la verdad de la guerra, de sus causas, en este país. Por supuesto, en nuestro lenguaje habitual cizañero es ser mala leche; y, a primera vista, es lo que algunas personas podrían entender respecto al autor del cartel y quienes lo comparten. Pero no es así. Por el contrario, sucede que a los colombianos nos acostumbraron a descalificar la crítica, a callar, señalando como castrochavistas, guerrilleros, enemigos de la patria y otros epítetos a quienes nos atrevemos a hacerlo ¿qué sucedería si nos quedáramos callados? Que todo esto pasaría de agache. Ha dicho Francisco que hay que vencer el miedo para poder avanzar.