15/04/2026
SUSURROS DEL ALMA
Capítulo 2
I N Q U E B R A N T A B L E
La inquebrantable mujer de la que hablo...
Al llegar a Guadalajara, tenía un plan: debía buscar a las personas que la llevarían “al otro lado”.
Pero en el fondo… su verdadero deseo seguía siendo el mismo: encontrarla.
Sin embargo, en la central todo cambió.
Unos niños se acercaron:
“¿Le ayudamos con sus cosas?”
No le dieron tiempo de responder.
Le arrebataron las bolsas… y salieron corriendo.
Le robaron todo.
Todo… menos la dirección.
Ahí estaba ella: sin dinero, con el corazón roto, la vista nublada por las lágrimas…
paralizada por el miedo, pero aún con una pequeña chispa de esperanza.
Sin pensarlo, tomó la dirección que llevaba prendida con un alfiler en su falda.
Pidió ayuda, consiguió orientación… y logró llegar al lugar donde la reclutarían para cruzar.
Pero no era tan sencillo.
Le dieron cita hasta el lunes.
Faltaban tres días.
Tres días sin dinero.
Sin ropa.
Sin un lugar donde dormir.
Entonces alguien le dijo que una vecina buscaba ayuda.
Era mi madrina… aunque ella ya había contratado a alguien.
Aun así, pensó en otra persona:
su cuñada… (mi madre)
Estaba por dar a luz a su séptimo hijo.
Quizá podían ayudarse mutuamente…
mientras ella reunía lo necesario para continuar su camino.
Mi madre fue a conocerla.
Y desde el primer momento…
Se agradaron.
Paso el tiempo y ella...
Casi no hablaba.
Era introvertida… profundamente temerosa.
En casa éramos siete niños: gritos, risas, juegos sin fin.
La vida en su forma más ruidosa.
Y ella… siempre asustada.
Un balón, una carcajada, el simple alboroto…
todo la hacía sobresaltarse.
Poco a poco fue aprendiendo la rutina de la casa, los espacios, las formas.
Se adaptó… comenzó a confiar.
Pero siempre en silencio.
En aquella casa, entre el ruido de los niños, las rutinas y la calidez inesperada,
empezó a encontrar algo que no conocía: tranquilidad.
Ya no se sobresaltaba igual.
Ya no bajaba la mirada con tanta prisa.
Poco a poco… comenzó a sentirse segura.
Y así fue que,,, mientras la confianza crecía y el miedo se hacía más pequeño,
también se fue apagando la idea que la había impulsado a huir…
la búsqueda de su madre.
Y por fin un día, mi madre le dijo:
“Vamos por tus hijas… yo te ayudo.”
Continuará...