04/27/2025
¡Menudo Corte! La Clienta Bromista y Mi Cara de Tomate
Bueno, imagínense la escena: llego yo, técnico de aire acondicionado, a casa de una clienta nueva. Un día normal, un aviso más. Pero desde que abro la puerta, ¡qué amabilidad! La señora era un encanto, de verdad. Que si quieres agua, que si un café, que cómo me iba el día... Casi me ofrece adoptarme, vamos. Yo pensando, "¡Así da gusto trabajar!". Todo sonrisas y facilidades mientras revisaba el aparato. Una maravilla de persona, o eso creía yo en mi inocencia.
Total, que termino el trabajo, el aire ya fino, enfriando como debe ser. S**o la factura, me aclaro la garganta y le digo el precio. Lo normal, lo que cuesta la reparación y el servicio.
¡Y PUM! Cambio radical. La señora, que hace cinco minutos me ofrecía hasta el café de su abuela, pone cara de telenovela de las tres. Ojos como platos, la mano en el pecho, voz temblorosa: "¿¡QUÉ!? ¿¡Tanto!? ¡Pero si yo no tengo ese dinero!". Yo me quedé helado. ¿Perdona? ¿La misma que me sonreía hace nada? El contraste era tan bestia que no sabía ni qué pensar. Mi cerebro hizo cortocircuito.
Ahí sí que me mosqueé yo un poco, ¿eh? Toda esa simpatía, ¿y ahora esto? Me salió el orgullo de técnico, me puse un poco tieso y le solté algo como: "Pero señora, ¿cómo llama usted a un técnico si no sabe si puede pagarlo?". Ya me veía yo discutiendo, llamando a la oficina... un lío.
Me le quedo mirando, preparado para la bronca del siglo... y va la tía ¡y se parte de risa! Pero no una risita, no. A carcajadas, de las que te hacen llorar, apoyada en el marco de la puerta. Yo, con cara de póker. Entre risas, consigue decir: "¡Ay, hijo, que es broma! ¡Claro que tengo el dinero, hombre!".
Creo que me puse rojo como un tomate. O más. ¡Qué corte, por Dios! Todo mi enfado, mi momento de "indignación profesional"... ¡para nada! Empecé a balbucear disculpas: "Ay, perdón, señora, es que... me la ha colado pero bien...". Y ella seguía riéndose, quitándole hierro: "¡No te preocupes, hombre! ¡Es que tenías que ver tu cara!". Pagó sin problema, claro. Pero vamos, la vergüenza que pasé... Salí de allí más rápido que corriendo, deseando que me tragara la tierra. ¡Vaya tela con la señora bromista!